Un vaivén de soledades y experiencias: Somos con quien estamos

A veces la estructura puede terminar en un plano psicológico, sociológico o antropológico

-Viko Hernández

El ser humano no es único ni auténtico en compañía de otro, lo único auténtico que posee es la soledad, la cual suele despreciar constantemente, ignorarla y evitarla a toda costa sin saber que, haciéndolo, lo único que logra es perderse a sí mismo en los brazos de otro ser incompleto.

Somos con quien estamos, somos lo que queremos y dejamos que el otro vea, lo que permitimos que nos cambie y nos moldee; somos un cúmulo de las personas que han atravesado nuestra vida de distintas maneras, somos esos compañeros de clases con los que reíamos, somos los viajes que hicimos en familia, el consejo del abuelo y el abrazo de un mejor amigo. También somos todas esas veces que hicimos cosas que no deseábamos con tal de ser aceptados por un grupo de personas, somos lo que dejamos que el otro haga con nosotros.

Somos ese beso que nos erizó la piel, esa decisión que permitimos que tomara el otro por nosotros, somos la confianza que depositamos en el ser que amamos y esa lágrima que causó su partida. Al final ya no sabemos quiénes somos cuando la única que llega a hacernos compañía es la soledad. ¿Entonces quiénes somos?

A través de la danza y la expresión corporal, KaizenDanza y Proyecto al Margen nos muestran una propuesta escénica de mediano formato, desarrollada dentro de un espacio cuadrado de 5×5 metros, lo que permite al espectador mantener una constante cercanía con los intérpretes, quienes fungen como espejo de cada persona que presencia el espectáculo.

La pieza se estrenó este fin de semana en el Laboratorio de Arte y Variedades (LARVA); viernes y sábado a las 8:00 PM el pasado domingo a las 6:00 de la tarde con un costo de $120 por persona y $100 con descuento.

Con la coreografía e interpretación de Karen de Luna y Viko Hernández, en compañía de la aportación musical en vivo de Diego Martínez Lanz, las compañías dancísticas nos regalan una propuesta artística bastante interesante que mantiene al espectador atento durante 30 minutos en los que los bailarines reflexionan y observan cómo es que funcionamos en compañía y en soledad: puesto que no es lo mismo.

Somos uno compuesto por muchos, somos uno moldeado por el que permitimos que esté a nuestro lado y sin saberlo adoptamos. El sube y baja de una relación, los cambios de una persona frente a la otra son representados mediante la danza y corporalidad, un ejemplo no alejado de nuestra realidad, de cómo somos en realidad.

Con imágenes e información de Monique Arvizu

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